Padd y tú
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Invierno

Los caballos y el frío

Los caballos sanos se aclimatan fácilmente a los cambios de temperatura ya que, como nosotros, son homeotermos. Esto quiere decir que son capaces de conservar una temperatura constante independientemente del medio exterior.

Comúnmente, hablamos de animales de sangre caliente y de animales de sangre fría cuya temperatura interna no está regulada, pero no es necesariamente "fría".

La mayor parte de los homeotermos son también endotermos, es decir, su propio organismo se encarga de producir calor y transferirlo al resto del cuerpo. 

I- ¿Tienen un comportamiento particular?

En condiciones frías y de viento, los caballos se suelen quedar de pie y con la espalda al viento para proteger sus cabezas, un comportamiento que los seres humanos también adoptan de forma natural.

Como nosotros, intentarán además reagruparse: ya se sabe que la unión hace la fuerza, ¡incluso contra el frío!

II- ¿Todos los caballos soportan las bajas temperaturas de la misma manera?

Aunque el caballo es un animal que ha nacido para vivir al aire libre y está programado para resistir al frío, no todos los equinos tienen el mismo grado de resistencia.

Según la raza, la edad e incluso su papel dentro de la manada, pasar el invierno en el prado les será más o menos fácil. Los grandes caballos corpulentos, como los caballos de tiro, pueden resistir mucho mejor el frío, ya que en la naturaleza, cuando el tamaño del animal se vuelve mayor, la superficie de su piel aumenta proporcionalmente menos que la masa que contiene. Esto le permite conservar el calor. 

Pongamos otro ejemplo: sabemos que en el mundo marino los animales de mayor tamaño tienen ventaja, ya que poseen una reserva de grasa considerable para una superficie expuesta al frío que es bastante pequeña en comparación.

No obstante, como la naturaleza es sabia, los equinos pequeños y fornidos también se han adaptado especialmente bien, como los caballos islandeses o de las estepas mongolas.

Sin embargo, existen tres poblaciones en riesgo: los potros de un año o menos, ya que son los primeros en desbocarse en las manadas semisalvajes; las yeguas en la recta final de la gestación (9º mes y en adelante), que toleran menos el frío —aunque no corren ningún riesgo si están bien alimentadas—; y, por último, los caballos viejos con mala dentición, porque les cuesta más alimentarse de forma adecuada.

Los parásitos y las enfermedades disminuyen igualmente el aguante de los equinos ante el frío.

III- ¿Los caballos se anticipan a la llegada del frío?

Como quizás hayas observado, el caballo es capaz de anticiparse a la llegada del frío ya que le influye la cantidad de luz natural, un factor que actúa sobre su sistema biológico y provoca algunas transformaciones.

A partir de finales de agosto, cuando los días empiezan a acortarse, el equino pierde su pelaje de verano y empieza a reemplazarlo por el de invierno. Este último es mucho más largo y forma una capa cálida y gruesa.

¡Su pelaje se convierte en el mejor de los abrigos! Asimismo, como nosotros, los equinos tienen tendencia a almacenar reservas para protegerse. Y no lo hacen como las ardillas, que esconden la comida, sino como los humanos, ¡conservando una buena capa de grasa!

Solo basta con mirarlos en el prado a finales de verano: suben considerablemente de peso. Este hecho es una buena señal, ya que tendrán que afrontar el invierno y la grasa conduce tres veces menos el calor que el resto de tejidos. Por tanto, es un buen aislante térmico que permite que las capas inferiores estén a una temperatura cercana a la del centro del cuerpo.

También constituye una reserva a la que su organismo acudirá en busca de energía. 

IV- ¿Lo manifiestan físicamente?

Como ocurre a la mayoría de los mamíferos, las extremidades de los caballos son las primeras en enfriarse (piernas, orejas, nariz...) porque la sangre se desvía para reducir la pérdida de calor superficial.

Dicho de otro modo, todo nuestro cuerpo está programado para que el corazón siga estando caliente y continúe latiendo, a riesgo de perder un dedo o, en el caso de los equinos, una oreja.

Sobre la piel expuesta al frío, los receptores térmicos envían el mensaje "frío" a las neuronas, que generan reacciones bastante conocidas: inhibición de la sudoración, vasoconstricción cutánea generalizada para mantener el calor en los órganos centrales, piloerección y, por supuesto, escalofríos, que tienen como objetivo aumentar la producción de calor.

Quizás recuerdes el experimento que se realizaba en clase antiguamente. Los alumnos rodeaban los tubos de ensayo de varios materiales, algunos pegándolos contra el tubo y otros dejando un espacio entre la materia y el tubo.

Después, se comprobaba la temperatura en los tubos de ensayo y el resultado era que el más caliente era aquel donde había un espacio entre la materia y el tubo, ya que el aire pasaba y lo calentaba.

Es, nada más y nada menos, lo que se conoce como carne de gallina o piloerección. Este sistema ya no es muy eficaz en los humanos pero, para los caballos, el pelaje que se eriza les permite aumentar la profundidad de su pelo y conservar una capa de aire no circulante justo en la superficie de la piel.

V- ¿Se debe aumentar la alimentación?

Los caballos que viven al aire libre deben tener heno a voluntad cuando hace frío para compensar la carencia de hierba y su débil valor nutricional. Se estima que un equino de 600 kg come entre 12 y 15 Kg de heno al día.

Eso sí: debes prestar atención al comedero de heno, ya que los caballos más tímidos tienen tendencia a adelgazar porque los caballos dominantes del grupo no les dejan comer.

Si hiciese mucho frío puedes darles aún más comida o, incluso, añadir alimentos concentrados para proporcionarles energía suficiente. Los caballos bien alimentados se adaptan sin problemas a las bajas temperaturas, mientras que aquellos que están mal alimentados perderán peso y las aguantarán peor.

La digestión también les proporcionará calor.  

VI- ¿Pueden comer nieve?

Un caballo debe consumir diez veces más de nieve que de agua para satisfacer sus necesidades. Además, deberá consumir energía para que la nieve a temperatura ambiente se adapte a la temperatura del interior de su cuerpo. En definitiva, ¡toda una pérdida de energía!

Si se combina con una alimentación a base de heno, difícilmente digestible, la absorción de nieve puede producirles cólicos. 

VII- ¿Es necesario que estén bajo techo?

La ley francesa estipula que hay que proporcionarles un refugio para protegerlos del viento y de las inclemencias del tiempo. Las zonas boscosas pueden ser una solución, pero solamente un refugio trilateral, expuesto al sur o al este y que le proporcione una zona de 7,5 a 9 m2 por caballo, constituirá una protección eficaz para el equino.

Cabe recordar que el verdadero enemigo del caballo cuando hace frío es la lluvia, ya que la humedad dificulta la termorregulación del animal aumentando las pérdidas de calor por evaporación.

Es conveniente saber que el pelo largo de la superficie impedirá que la humedad entre en contacto directamente con su piel. 

VIII- ¿Se debe esquilar al caballo?

Todo depende de lo que le pidas a tu caballo.

Por ejemplo, no sirve de nada esquilar a una yegua de reproducción que vive todo el año en el prado ya que necesitará su pelaje para el invierno. Sin embargo, este abrigo tan pesado puede convertirse en un hándicap de peso para un equino que entrena y vive en un box. En este caso, el caballo se calentará rápidamente y transpirará en abundancia, lo que puede acarrear golpes de frío y todo tipo de enfermedades respiratorias.

Hay que hacerse las preguntas adecuadas a la hora de esquilar porque es frecuente encontrarse con caballos que pasan de un espeso pelaje a no tener casi nada en el lomo. A fin y al cabo, ¿qué es una manta o un forro polar comparado con el pelaje?

No olvidemos que es importante utilizar una manta adecuada a la temperatura, porque a un caballo cubierto le será mucho más difícil regularizar su temperatura corporal, especialmente ante la imposibilidad de la famosa piloerección.

En el box, el equino no podrá caminar y, por ende, calentarse. Y, como no habla, será muy complicado saber si tiene mucho calor o demasiado frío. De todas formas, al pasar la mano entre el cuerpo y la manta podemos hacernos una idea el nivel de calor.

Entonces, ¿debemos cubrirlos o no al aire libre? Parece que nunca encontraremos respuesta. Es verdad que las mantas son cada vez más eficaces y cumplen su promesa de no girarse. Sin embargo, ¡siempre hay que estar atentos ya que los caballos pueden meter las patas dentro!

IX- ¿Es necesario vigilarlos?

No hay nada que te exima de vigilarlos y, sobre todo, de controlar el agua para que no se congele y los equinos puedan seguir bebiendo. Los trucos del balón de plástico o de la barra de madera en el bebedero son siempre muy prácticos.

Además, la barra de madera te permitirá ser responsable con el medio ambiente y salvar así la vida de muchos animalitos que se acercan para beber, como los pájaros o roedores, que pueden estar a un paso de ahogarse en un agua cercana a los 0 grados.

Las zonas colindantes del abrevadero y de las cercas pueden volverse extremadamente fangosas. Para limitar este fenómeno y el riesgo de accidentes, una buena opción es esparcir arena o estiércol.

¿Moverse o hibernar?

La mayor parte de los animales de la tierra siguen dos políticas ecológicas que nosotros también adoptamos para combatir el frío. Por un lado, nos movemos para calentarnos (son famosos los saltos de cabrito con la llegada del invierno) debido a que la contracción muscular produce calor y, al disiparse, calienta los órganos internos (corazón, hígado, intestinos...).

Por otro lado, podemos elegir dejar de movernos para gastar menos energía. Los equinos buscan protegerse del viento y se reagrupan. Nosotros nos vamos a casa a ver una película delante la chimenea, y las marmotas hibernan. En definitiva, ¡seguimos la misma política energética!

Temperaturas extremas, un testimonio: Anne Le Naour y Cécile de Vregille / Sociedad Equi'Mind (14)

Cécile: «Por mi parte, puedo decir que allí conocí los radiadores gigantes colocados por encima de la barra de amarre para calentar la espalda de los caballos. Nosotros también nos colocábamos debajo porque, como los caballos, nuestras pestañas y el vello de nuestra nariz estaban congelados. En mi caso, estuve en Wyoming, ¡donde hace menos de 40º bajo cero!

El picadero tenía calefacción y utilizábamos mantas secantes antes de llevarlos a la pista de entrenamiento. Pude ver cómo apartaban la nieve para comer lo que había debajo pero nunca los vi comiéndosela. Pude observar también algo sorprendente: en cada manada, siempre había un caballo que vigilaba todo el tiempo para que quedase un hueco en el agua mientras la movía con la nariz.

Lo hacen siempre los caballos mayores puesto que los jóvenes no saben hacerlo.   Sin embargo, en base a todo lo que he visto, puedo decir que en Wyoming los caballos parecían sufrir más por la calor y por las moscas que por el frío».